miércoles, 4 de julio de 2007

¿Quien le ha metido eso en la cabeza, charlie boy ?

El viento es erotico, charlie boy, antes de llevarse la cosas en el arrastre, y el resultado son ciertas chicas que con el viento dejan mostrar sus culitos y las abultadas cunts, ahí en la esquina de Dominica, un calzoncito negro y las penas del infierno, un Monroe. un falda escocesa de pendeja escolar y el corazón atravezado por un fierro caliente. llegará el momento en que el escribiente de nombre Carlie J massey persiga alas niñas del barrio Recoleta para violarlas, para mutilarlas y orinar sus cuerpos desvanecidos, pero no, eso no, ¿ quien le ha metido eso en la cabeza, charlie boy? me gustaría tomar la mano de una cheerleader cachonda, una que se llame Stephanie pero que le digan Steph, llevar la mano hacia los senos de Steph en un todo o nada. y eso, acarriciar un peson rosadito de cheerleader y después retirarme, en silencio, a una pieza oscura. El orgasmo es bonito, charlie boy, es la manifestación lúdica del cansancio, ¿ no estaremos todos muy cansados? eso debe ser, charlie, eso debe ser

Dijo Bobby Barnes en 1991: Eres un puto cobarde, charlie, eres una puta asustadiza

sábado, 17 de marzo de 2007

Torre eléctrica en descomposición y cuerpo

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lunes, 12 de marzo de 2007

Killer´s

Miras a la mujer, los contornos pálidos y desgastados de su rostro. Piensas en penetrarla pero los jugos (allá abajo) no están corriendo del todo. Le hablas en un susurro. Ella está durmiendo y tu le susurras animadversiones fatales. Le dices cosas del tipo: soy un ser humano hecho de humo, madame, ráfagas de humo negro. Le dices: no tengo ningún rasgo distintivo en mi personalidad, madame, salvo el resentimiento y una forma poco evolucionada de la desidia. Entonces ella emite murmullos apáticos y quejidos oníricos. Ella está como tratando de comunicarse con alguien. Tu le susurras: veinte milígramos de pseudoefedrina, madame, yo la penetraría con desidia pero los jugos ( allá abajo) no están corriendo del todo. Y después piensas en la posibilidad del amor. Tu podrías amar a esa mujer, Charlie boy, tu podrías ser el paradigma del amor oscurecido en las espaldas del tiempo, pero apenas ese pensamiento enigmático (y absurdo) se instala en tu cabeza, le clavas un cuchillazo directo en el rostro .( ¿Y de donde has sacado el cuchillo?) Lo que ocurre a continuación es que la mujer no muere. Por el contrario, está lejos de morir, como si ese forado que expulsa chorritos espesos de sangre a medio camino entre su boca y sus ojos le hubiera inyectado un hálito de intensa vitalidad, comienza a gritar y a gemir de dolor mientras trata de quitarse la sangre del rostro con las manos. Tú comienzas a enterrarle tu cuchillo de manera brutal, por así decirlo, entre la zona del cuello y de los hombros, y después más abajo, en la zona del entrepiernas, como si fueras un médico de abortos con Parkinson en las manos, cuchillazos que tampoco hacen morir a la mujer sino que le provocan espasmos de carácter epiléptico o no. Según mi punto vista- le dices a la mujer masacrada mientras su cuerpo pierde ánimo y se apaga- el sexo es lo mismo que un animal doméstico y moribundo que se lame las heridas que le ha infligido su amo. Un animal sumido en la mas angustiosa de las dependencias. Una perpetua oscuridad y eso, madame, la misma oscuridad que veo en sus ojos, madame, la misma que veo en su boca cercenada, le dices, y te das cuenta que la mujer ya no entiende nada. Que la mujer ya no te escucha. Que la mujer es ahora la muerta. Y que los muertos solo saben una cosa: que están muertos.

Cuando despiertas miras para el lado y ves a tu esposa que duerme. Observas los contornos pálidos y desgastados de su rostro y sabes que estás en Recoleta y que no has matado a nadie. Sientes ganas de llorar. Estás empapado en sudor. Un profundo alivio se instala en tu pecho, en tu estómago y en tus hombros, pero en el fondo (deep down) lo sabes.


¿ Pero qué es lo que sabes?


Dijo Bobby Barnes en 1981: "Duermete, Charlie boy. Duermete y los dioses velarán por tí".

lunes, 5 de marzo de 2007

Songs for the non-deaf

La mejor canción para meter la verga y penetrar es Closer de Nine Inch Nails. La mejor canción para que te chupen la verga es Xplosive, un gangsta rap de Dr. Dre con Hitman, Kurrupt, Nate Dogg y Six-two. En una parte de esa maravillosa canción Kurrupt nos dice: "don't tease bitch, strip tease bitch, Eat a bowl of these bitch, gobble the dick", y esa me parece una bonita línea para el momento de la felación. La mejor canción para meter un dedo en la pussy es un jazz psicodélico a lo Phantalassa, de Miles Davis, no me pregunten porqué. La mejor canción para meterlo por el ano es Long Tall Sally de Little Richard y la mejor canción para tirar un cumshot en la cara de una mujercita es Peace, Love and Understanding de Elvis Costello, aunque esa es desde luego una afirmación cuestionable. Como dije antes, la mejor canción para hacer el monstruo de dos espaldas NO es Lets get it on de Marvin Gaye sino Closer de Nine Inch Nails.

Dijo Bobby Barnes en 1979: El sexo es lo mismo que un animal doméstico y moribundo que se lame las heridas que le ha infligido su amo. Un animal sumido en la mas angustiosa de las dependencias. Una perpetua oscuridad y eso.

miércoles, 28 de febrero de 2007

Wound-fucking

El sexo con heridas casi no se practica, pero dicen que Billy Bob Thornton lo habría utilizado en su juventud descarriada como una forma de ahuyentar a los demonios. Un balin de escopeta incrustado en el estómago, un balín agujereando el muslo o alguna de las nalgas de un cuerpo tiene ya el diametro suficiente para insertar la verga y proceder. Las primeras versiones registradas del wound-fucking datan de Vietnam, cuando las tropas del Vietcong replegadas en la bahía de Keng-sah en 1964 torturaron a siete soldados norteamericanos abriéndo agujeros en sus estómagos y penetrándolos hasta eyacular entre los chorros de sangre que salían a raudales. Siete u ocho orientales a la vez podían penetrar a un soldado, perforando agujeros en el estómago, muslo, nalga, brazos y espalda. Hasta de las plantas de los pies hacían uso para sus descargos psicosexuales los hijos bastardos de Ho Chi Minh.
Algunos veteranos de Nam llegaron con la historia de los soldados penetrados a Brooklyn y a Queens, donde tras una extraña y sospechosa mitificación de los detalles (que repentinamente ya no eran escabrosos e innombrables sino misteriosos e incluso sexy) se llevó a cabo un proceso de institucionalización del wound-fucking en los circuitos marginales del negocio pornográfico .
Por supuesto, Bobby Barnes probó varias veces la experiencia. Generalmente era difícil encontrar voluntarios, tipos o mujeres dispuestos a dejarse cortar y después penetrar en la herida, sobre todo en los años setenta cuando no se podía encontrar pervertidos y freaks en Internet a toda hora. Aún así Bobby los encontraba quién sabe donde, y cuando no habían personas vivas siempre se podía recurrir a Lee Gibbons, el guardia nocturno en la morgue de Saint Clement, que por 35 dólares arrendaba cuerpos para el wound-fucking durante las noches, aunque entre los asiduos a la práctica era común la opinión de que "no hay como la herida viva de un cuerpo vivo", es decir, la cosa no era tan excitante con los cuerpos de los muertos.
Yo, Charlie J. Massey, nunca quise practicar el sexo con heridas, porque pese a que soy un goddam sex-o-holic (diagnosticado, igual que Michael Douglas) no encuentro placer alguno en meter la verga en la herida sangrante de un estomago vivo. No señor. Not me. Pero Bobby Barnes vaya que lo hacía y le gustaba y, si alguien quiere probar la experiencia hoy en día, pues yo no soy quién para negarle nada, que se de una vuelta por el barrio de Queens, que pregunte por Susan Gibbons y su " Casa de la Herida". En Chile se puede ir donde cierto personaje del barrio Brasil. Más detalles no se pueden entregar, amiguitos.

lunes, 26 de febrero de 2007

4-De cómo el señor Charles J. Massey le contó a su familia chilena que era un adicto a los sitios pornográficos (en tercera persona)

Esa noche había puré con escalopas. El señor Massey(44) le confesó a su esposa María, su hija Lorena y sus dos hijos Martín y Lorenzo que se conectaba a sitios pornográficos en Internet desde hacía dos años, que tenía acceso ( ilegal) a más de tres multi-sitios de Hardcore, y describió algunas de las escenas que solía disfrutar. Particularmente le gustaba el gagging, es decir el sexo oral potenciado con violencia y humillaciones, cachetadas, escupos, insultos, la determinación abismal de empujar el pene tan adentro de la garganta que a las chicas no le queda más que atragantarse y escupir y, en algunos casos, vomitar. Al señor Massey le gustaban particularmente los sitios de gagging que involucraban a chicas amateur, chicas hijitas de sus papis que son embaucadas por dinero y terminan empujando sus gargantas contra un pene desconocido.
Algunos miembros de su familia pusieron cara de espanto, como si una voz diabólica y falsamente humorística se hubiese apoderado del señor Massey, como si estuvieran mirando el rostro de un muerto descuartizado. El señor Massey habló después de los gangbangs y de los creampie y del sexo con embarazadas y de orinar y defecar encima de mujeres y de sitios dedicados al sexo con abuelitas. Y después se puso a describir a las abuelitas, que según él eran gordas y rojas y bastante repulsivas pero igual habían unos jóvenes vigorosos con enormes penes y marcada musculatura que las penetraban con violencia y perversión, y los ojos del señor Massey brillaban cuando pronunciaba esas palabras, como si hubiese necesitado con desesperación compartir esas descripciones degeneradas, esas peroratas sexuales que sonaban chocantes en un señor prudente y respetuoso como él, pero no compartirlas con cualquiera, sino con su familia, con sus seres queridos y respetados, con su propia estirpe. Lorena, su hija mayor, siguió comiendo como si nada ocurriera, pero tanto Martín como Lorenzo se miraron con evidente incomodidad. Su esposa se levantó de la mesa y partió al baño. Y el señor Massey siguió comiendo puré con escalopas relatando sus aventuras en sitios pornográficos a quien quisiera escucharlas durante toda la noche, pero después de unos minutos ya nadie quería escuchar nada, y todos se fueron a sus piezas.
Y después el señor Massey se fue a acostar a su pieza de su casa en Recoleta, como todos los días. Y soñó esa noche con las enseñanzas de Bobby Barnes, con la lengua viperina de las gemelas Morgan presionada contra sus genitales, con el halito desesperado de las insinuaciones del pasado. Y al día siguiente despertó en Chile. Y miró a su esposa que dormía entre ronquidos furiosos. Y le dieron ganas de llorar.

3- Eulogy

Bobby Barnes fue mi mejor amigo. Eso debe quedar claro.