lunes, 26 de febrero de 2007

2- Del porqué un chico de trece años se masturbaría escuchando canciones de Brian Eno mientras estimula su próstata con un dedo



Bobby Barnes decía que nadie en este mundo te puede dar placer como tú mismo. Que los ritmos, las inflecciones de la muñeca, el masajeo de la punta de la verga y todos esos tecnicismos adquirían el sentido del riesgo en manos ajenas, pero también las virtudes del placer atávico entregados a la familiaridad de tus propias palmas. ( Esto no lo entendieron nunca las gemelas Morgan)
Bobby Barnes tenía dieciocho años cuando yo tenía trece, y yo quise estar a la altura de las circunstancias, a la vanguardia de los self pleasing natural methods que él manejaba a la perfección, y el orgasmo autoinducido por el culo no pareció nunca una mala idea ante los ojos de Bobby o de Rachel Meredith. Por alguna razón ( que quizás solo Bobby Barnes comprendía) la soberbia espacial de las canciones de Brian Eno era un aliciente metódico. La señora gorda de Limbourg en las imágenes celestiales del atolón masturbatorio. No era una opción realmente personal, pero habían postulados claros al respecto y en las consideraciones primeras de la infancia estaba siempre “el placer a la vuelta de la esquina”. Bobby Barnes decía que nadie en este mundo te puede dar placer como tú mismo. Yo, Charlie J. Massey, sex-o-holic hasta la fecha, le creía.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

chucha madre...la wea heavy

tuerten dijo...

Excelente Ars Masturbatoria, Charly. Me Myself no lo he experimentado con Brayan Pino, pese a haber digerido hedónicamente sus aeropuertos.

Un placer (obvio) pasar por acá.