El sexo con heridas casi no se practica, pero dicen que Billy Bob Thornton lo habría utilizado en su juventud descarriada como una forma de ahuyentar a los demonios. Un balin de escopeta incrustado en el estómago, un balín agujereando el muslo o alguna de las nalgas de un cuerpo tiene ya el diametro suficiente para insertar la verga y proceder. Las primeras versiones registradas del wound-fucking datan de Vietnam, cuando las tropas del Vietcong replegadas en la bahía de Keng-sah en 1964 torturaron a siete soldados norteamericanos abriéndo agujeros en sus estómagos y penetrándolos hasta eyacular entre los chorros de sangre que salían a raudales. Siete u ocho orientales a la vez podían penetrar a un soldado, perforando agujeros en el estómago, muslo, nalga, brazos y espalda. Hasta de las plantas de los pies hacían uso para sus descargos psicosexuales los hijos bastardos de Ho Chi Minh.
Algunos veteranos de Nam llegaron con la historia de los soldados penetrados a Brooklyn y a Queens, donde tras una extraña y sospechosa mitificación de los detalles (que repentinamente ya no eran escabrosos e innombrables sino misteriosos e incluso sexy) se llevó a cabo un proceso de institucionalización del wound-fucking en los circuitos marginales del negocio pornográfico .
Por supuesto, Bobby Barnes probó varias veces la experiencia. Generalmente era difícil encontrar voluntarios, tipos o mujeres dispuestos a dejarse cortar y después penetrar en la herida, sobre todo en los años setenta cuando no se podía encontrar pervertidos y freaks en Internet a toda hora. Aún así Bobby los encontraba quién sabe donde, y cuando no habían personas vivas siempre se podía recurrir a Lee Gibbons, el guardia nocturno en la morgue de Saint Clement, que por 35 dólares arrendaba cuerpos para el wound-fucking durante las noches, aunque entre los asiduos a la práctica era común la opinión de que "no hay como la herida viva de un cuerpo vivo", es decir, la cosa no era tan excitante con los cuerpos de los muertos.
Yo, Charlie J. Massey, nunca quise practicar el sexo con heridas, porque pese a que soy un goddam sex-o-holic (diagnosticado, igual que Michael Douglas) no encuentro placer alguno en meter la verga en la herida sangrante de un estomago vivo. No señor. Not me. Pero Bobby Barnes vaya que lo hacía y le gustaba y, si alguien quiere probar la experiencia hoy en día, pues yo no soy quién para negarle nada, que se de una vuelta por el barrio de Queens, que pregunte por Susan Gibbons y su " Casa de la Herida". En Chile se puede ir donde cierto personaje del barrio Brasil. Más detalles no se pueden entregar, amiguitos.
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7 comentarios:
Charlie, que estas crónicas no se acaben en un buen tiempo.
Aires frescos para el mundo bloggers.
Se agradece.
Saludos.
Concuerdo con Zúñiga, hace tiempo que no leía nada tan edificante (no es chiste). Atte., CGO
Charlie: No entendí por qué dejaste un comentario en mi blog, ni qué quisiste decir. Supongo que era una invitación a leer tus disparatadas crónicas. Estoy tratando de digerirlas.
Ohh..
Charlie, Charlie...
Whot the fuck is Charlie?
First, when I saw you in my blog, I thought it was one of those sex mesages. You know, like viagra stuff.
Ill see yaaa
Buena, buena. Te pensaba mas escatologico si, eso de la reticencia al wound fucking...el sexo debe ser un intercambio de fluidos, mierda, saliva y bacterias, como dijo Pedro Juan Gutiérrez...buena, me gusta como escribí, se nota re suelto, me agrada eso de leer rápido, luego te explico a que voy.
Vale por el aporte, un abrazo
que asco
sure thing, my little droogies. thank you all for stopping by. Im still getting the hang of it, you know,living here and all that, so muchas gracias again.
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